¡Que grande estás!

Has crecido, no sé ni cuándo ni cómo, pero lo has hecho.
Hoy ya no eres ese pequeño ser humano por quien debía velar en todo momento.
¡Oh, cuánto has crecido! Ya no tengo que enseñarte cada cosa porque has crecido tanto que ya caminas por senderos por los que yo ni he caminado.
¡Y vaya!, cuanto cuesta asimilar que ya ha pasado tu infancia, 
¡Y vaya!, como me da miedo que al alejarte de lo que conozco ya no sea capaz de ayudarte.
Y ante todo, ¡vaya! que alegría me da verte florecer, madurar y caminar con la cabeza en alto por el camino que has elegido.
Pero aunque has crecido, en tus ojos puedo leer el temor a lo desconocido y en tu voz percibo la necesidad de que te siga guiando. 
Y mi corazón se hincha de alegría por tu confianza, por el como, aun cuando sabes que por primera vez te enfrentas a algo que yo no he vivido antes que tú, sigues creyendo que es a mí a quien debes recurrir en este momento.
Y estaré a tu lado, caminaré junto a ti hasta que ya no me necesites, Cuando no sepa la respuesta a una de tus preguntas pasaré la noche en vela estudiando. Y cuando no pueda serte de ayuda, buscaré alguien que pueda hacerlo sin siquiera soltar tu mano,
Y el día en  que realmente sea hora de soltar tu mano del todo, lo haré con la certeza de que estarás bien sin mí, y te observaré alejarte con gesto satisfecho, y aún cuando las lagrimas empañen mis ojos, no habrá en el mundo nadie más exultante de orgullo al entender realmente lo mucho que has crecido.

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